Sobre Richard Florida y otros vendehúmos
Remberto Germinal Arámburo Uribe
La Real Academia Española define el vocablo vendehúmos como “persona que ostenta o simula valimiento o privanza con un poderoso para vender su favor a los pretendientes”. Y como es usual con la RAE, no da en el clavo de la definición actual de la palabra. Pero insistiendo con nuestra máxima autoridad de la lengua española, en la definición de humo encontramos que se ofrece el significado de vender humo como “tratar de convencer con palabras o argumentos carentes de sentido”. Pero esta definición es aún insuficiente, al menos para el análisis de cuestiones como la que nos atañe en el presente escrito, en el sentido de reflexionar sobre los riesgos de creer en gente que obtiene una remuneración económica (en ocasiones bastante cuantiosa) con base en declaraciones falsas, engañosas o tergiversadas.
Halyna Romanivna, en el sitio Quora, menciona que de acuerdo con el lingüista español Sebastián de Covarrubias y su libro Emblemas morales: iconografía y doctrina de la Contrarreforma, el término se remonta al latín, pues el derecho romano empleaba la expresión venditio fumi para quien brindaba promesas falsas que se encaminaban a obtener el favor de un poderoso. Quizá de ahí deriva la RAE su definición.
En la época en que vivimos, de posmodernismo, de Tecnologías de la Informática y la Comunicación, de inteligencia artificial, de Boomers, X, Milennials y generación Z, vender humo es una cosa distinta a lo que define la RAE y lo que planteaba el derecho romano: vender humo implica obtener una remuneración económica, política o social, a través de información sin fundamento, pero con una parafernalia de profesionalismo que otorga una validez aparente con una temporalidad variada. Hay vendehúmos que no prosperan, hay quienes en poco tiempo amasan fortuna y son desenmascarados a la brevedad, y hay quienes, como Richard Florida, lo hacen durante años e incluso logran conservar una fanbase que perdura a pesar de la evidencia que los desmiente.
Si bien las Tecnologías de la Informática y la Comunicación han permitido que las interacciones sociales se realicen en un entorno digital, esto también ha presentado dificultades en el discernimiento de la información; en otras palabras, y como un buen número de investigadores han declarado: vivimos en la era de la desinformación. Es decir, a finales de los noventa del siglo pasado, con la llegada del internet pasamos de una carencia de información a un exceso de información. El internet pone en nuestras manos una cantidad apabullante de datos de innumerables fuentes, por lo que ahora el discernimiento es más importante que nunca: sin él la ingenuidad y la ignorancia nos convierten en incautos ante una multitud de estafadores.
Caer en las manos de un vendehúmos te afecta de forma múltiple. En primera instancia, pierdes dinero, tiempo o energía (o alguna combinación de los tres recursos) en algo que no funciona; en segundo lugar, pero no menos importante, te afecta psicológicamente. Una vez sucedida la estafa hay dos caminos: el primero es reconocer que fuiste estafado, lo cual es un golpe emocional considerable que, dependiendo del tamaño del fraude, de la magnitud de recursos invertidos o del tamaño de las expectativas generadas, podría ser un golpe devastador que requiera un amplio número de sesiones de terapia para recuperarse.
La calidad de nuestro desempeño en las actividades cotidianas requiere de autoconfianza y los adultos basamos nuestra autoestima, al menos en parte, en el resultado de las decisiones que tomamos. Saberse estafado puede ser equivalente a sentirse un idiota, un incapaz, un fracasado, particularmente en culturas como la mexicana, en la que usualmente se aplaude al pillo, se le considera “muy vivo” y hasta se le justifica en frases como “el que no transa no avanza”. Esto es un agravante, pues la víctima podría pensar que es solo culpa suya por no ser lo suficientemente despierto como para haber mantenido la guardia alta en una realidad en la que “la gente está para chingar y uno para no dejarse”.
El segundo camino es la negación. La falacia del coste hundido nos hace aferrarnos a nuestras expectativas previas aun de cara a evidencia contraria. Por este motivo, puede ser más fácil estafar a alguien que convencerlo de que fue estafado, porque al momento de la estafa se encontraba en un estado neutral, mientras que luego de la misma se encuentra en un estado defensivo por el riesgo emocional que implica el reconocerse estafado, como se mencionó anteriormente.
Hay todavía un tercer escenario de afectación que quizá sea el más perverso, retorcido o particularmente nocivo. Con el propósito de ser claro, me gustaría ejemplificarlo con un tema que conozco y que quizá sea del área en la que mi opinión pueda tener mayor grado de confiabilidad, puesto que me he dedicado a esa actividad durante poco más de quince años: la enseñanza-aprendizaje del idioma inglés.
Aprender inglés te abre las puertas, reza el cliché repetido hasta el cansancio que a los cerrajeros tiene sin cuidado. Un cliché que tiene un espectro de validez y aplicabilidad, como todos los clichés. Todos conocemos gente a quien le ha servido bastante el idioma inglés y a quien le ha servido de muy poco. En Sinaloa en particular, todos conocemos migrantes que han vivido o viven en USA y que no hablan el inglés, profesionistas que lo entienden pero no lo hablan, académicos que ni lo entienden ni lo hablan y eso no les impide tener una vida social y económica satisfactoria.
Por otro lado, sabemos de gente que ha concretado oportunidades laborales dentro y fuera de México gracias al uso correcto del inglés. Sigue siendo una habilidad deseable cuyos beneficios impulsan a toda una industria que se dedica a la enseñanza, evaluación y certificación del uso del idioma inglés. Y como toda industria tiene sus proveedores confiables y no tan confiables, es decir, gente que sabe lo que hace y también gente que vende humo.
¿Cuál es el problema de que exista gente vende humo en la enseñanza del inglés? Bueno, existe una problemática a nivel regional y a nivel personal que tiene que ver con el coste de oportunidad y con el desarrollo económico. Aprender una lengua extranjera es un proceso cognitivo extenuante que, para ser satisfactorio, requiere de una serie de prerrequisitos muy puntuales, entre los que destacan principalmente motivación, disponibilidad de tiempo, tolerancia a la frustración y una inversión económica variable.
A nivel personal, no es sencillo cubrir los prerrequisitos anteriormente mencionados, pues la ausencia de uno de los cuatro lleva inevitablemente al fracaso en la encomienda y tristemente muchos sinaloenses se han encontrado en la situación de contar con todo el paquete necesario y tener el infortunio de ponerse en manos de un vende humo, lo cual equivale, en la mayoría de los casos, a echar por la borda motivación, tiempo, recursos económicos y elevar la frustración a niveles sin precedentes. A nivel regional, esto se convierte en un freno que nos impide alcanzar los beneficios acumulativos comprobados por los estudiosos del capital humano y que tanto desarrollo han producido en regiones asiáticas como la India y Corea del Sur en años recientes.
La tercera instancia de afectación de caer en las manos de un vendehúmos, esa que considero particularmente perversa y retorcida, es que no solo te roban dinero, tiempo y energía; no solo golpean tu psicología y laceran tu autoestima, sino que te privan de los satisfactores y las oportunidades que se habrían alcanzado de haber dedicado ese dinero, tiempo, energía y salud mental en prácticas bien fundamentadas.
Siendo honestos, mi ejemplo del coste de oportunidad en el aprendizaje del inglés se queda corto cuando se compara con lo perjudicial que resulta ponerse en manos de vendehúmos en materia de salud o de política. De mayor gravedad es una persona joven con cáncer que decide ponerse en manos de prácticas alternativas descartando la medicina o una población empobrecida que encumbra líderes políticos ávidos de enriquecerse. Es pensando en ese tipo de agravios que empleo los adjetivos perverso y retorcido.
Veamos el caso de Richard Florida, cuya lectura en mis estudios doctorales motivó estas páginas. Florida es conocido en todo el mundo como un importante urbanista. Durante los cursos del primer semestre, su nombre fue mencionado por cada uno de mis profesores, aunque por fortuna sus textos no fueron objeto de análisis hasta el curso de Teorías del Desarrollo, con el Dr. Ulises Suárez Estavillo, a quien admiro por su erudición, trayectoria y estilo de enseñanza.
Fue así que nos dedicamos a la lectura del capítulo 11 de su libro de 2009 titulado Las ciudades creativas. Desde un inicio me llamó la atención que a pesar de ser considerado un académico serio mencionara en repetidas ocasiones a personajes de la cultura popular como Woody Allen o Miles Davis y diera tanta importancia a cuestiones anecdóticas como charlas con su esposa, pero nada de esto es reprochable por sí solo. Luego mencionaba un tema que me apasiona desde hace algunos años: los cinco rasgos de la personalidad de acuerdo con la psicología, y hacía referencia al estudio de Stolarick y Morris, presentando un mapa que indica cómo “las personalidades neuróticas se concentran de forma significativa en la zona metropolitana de Nueva York”, mientras que las personas abiertas a la experiencia se ubican mayoritariamente en California. En este punto de la lectura hice una pausa y pensé: un momento, este tipo de razonamientos ya lo he visto antes. ¿Cómo es que pasamos de los cinco rasgos de la personalidad, un tema validado por un gran número de estudios, a decir que en Nueva York se aglomeran los neuróticos y en California la gente de mente abierta? Esto es una conclusión arrebatada, amplísima, y que parte de un tema de otra área del conocimiento, simplificando enormemente poblaciones de millones de personas en una generalización absurda. Mi instinto me indicaba: “esto lo hacen los charlatanes”. Vamos, habrá gente neurótica en Nueva York como en todos lados, pero también de mente abierta, extrovertida, escrupulosa y amable, como en todos lados. Decir que en Nueva York se aglutinan los neuróticos y poner de ejemplo a Woody Allen es más o menos como decir que las sagitarios te pueden robar al marido poniendo de ejemplo a Karla Panini.
Pero era muy pronto para descartar a Florida. Quizá había relajado su estilo en este libro en particular. Algo olía a podrido, pero hacía falta evidencia. Como buen milennial, me fui a YouTube y encontré una joya titulada “Richard Florida: ¿Quiere estabilidad laboral? Sea creativo”. Y bueno, el chiste se cuenta solo. ¿Pero hay que decir que la gran mayoría del contenido en YouTube que lo incluye son conferencias vistosas alrededor del mundo y me sorprendió no encontrar abundantes críticas a su trabajo hasta que me topé con “What is Richard Florida’s ‘Creative Class’ thesis and why has it sparked so much debate?”, un video con 149 vistas y 8 likes (incluido el mío).
Eliza Tadman parece ser una estudiante universitaria británica cuya trayectoria en YouTube cuenta solo con un vídeo y nada más. Poco menos de once minutos, durante casi la mitad de los cuales expone las principales ideas de Florida, que contrasta con argumentos de investigaciones en la segunda mitad, los cuales resumo a continuación: 1) La “clase creativa” de Florida es un grupo erróneamente homologado: no es posible considerar como iguales a científicos que gozan de contratación permanente con artistas bohemios que viven de sus presentaciones esporádicas; 2) Florida recomienda políticas públicas que favorezcan a la “clase creativa”, como bares y lugares aesthetic de entretenimiento, lo cual produce gentrificación y provoca que parte de la “clase creativa” sea forzada a vivir en los márgenes de la ciudad por carecer de los recursos necesarios para el coste de alquiler; 3) Peck (2005) señala que el incremento de la comunidad gay y los bohemios, así como el consumo cultural, son consecuencia del desarrollo económico de las ciudades y no una causa del mismo, como Florida predica alrededor del mundo; 4) Los argumentos de Florida son anecdóticos y no están sustentados en suficiente evidencia empírica; 5) La tesis de Florida es elitista y sus orientaciones generan políticas públicas que incrementan la desigualdad.
Pero Eliza es solo una voz crítica ante un océano de aplausos, un pequeño vídeo de 8 likes contra millones de aplausos que respaldan a Florida. Y aun contra todo eso, hay algo que inclina la balanza a su favor, una pequeña luz que se mantiene ante un océano de humo y esto es que los argumentos de Eliza parten de un sustento metodológico y científico, pues al final de su video encontramos las referencias que la respaldan.
Aun con el video de Eliza Tadman me seguía pareciendo muy extraño que con tan buenos argumentos no hubiera más críticas al trabajo de Florida. Pero como es usual en estos tiempos digitales, si no encuentras lo que estás buscando es porque no has buscado lo suficiente. En este caso, no estaba buscando en la plataforma correcta.
Una búsqueda en Google de “Richard Florida AND nonsense” arrojó resultados satisfactorios:
1) Una reseña en el sitio de la Universidad de Harvard escrita por Edward Glaeser (2005) sobre el libro El ascenso de la clase creativa de Florida (2002). Glaeser desmiente con estadística y datos duros los pocos argumentos cuantitativos ofrecidos por Florida y menciona que el libro es entretenido, pero ofrece orientaciones de políticas públicas perjudiciales, muchas de las cuales han sido aplicadas en distintas regiones del mundo, por lo cual se sintió constreñido a desmentirlo.
2) Google muestra opciones de lo que otra gente ha preguntado, y entre esas opciones se encuentra “Who is the champion of gentrification?” (¿Quién es el mayor exponente de la gentrificación?), y al dar click la respuesta es Richard Florida, lo cual se acompaña con un enlace a un artículo de The Guardian escrito a partir de una entrevista con Florida de 2017 en la cual reconoce algunas de sus equivocaciones. El artículo hace referencia a una cuenta parodia de Twitter titulada @Dick_Florida, la cual misteriosamente ya no está activa pero de la que pude rescatar algunos tweets.
3) Dos artículos de Frank Bures, quien fuera seguidor de Florida luego de la publicación del libro de 2002. Bures y su esposa compraron el humo y se mudaron a Madison, Wisconsin, una de las consideradas “ciudades creativas” por el gurú de la urbanización, solo para encontrar que nada era cierto. Bures menciona que investigadores como Sako Musterd, Michele Hoyman y Chris Faricy han demostrado estadísticamente que los argumentos de Florida no se sostienen. Bures escribió a Florida cuestionando sobre los estudios de los autores mencionados y solicitó de forma específica que mencionara “una ciudad que tuviera un crecimiento económico medible como resultado de la migración de individuos creativos”, a lo que Florida respondió con un texto de tres mil palabras cuyo argumento era que había “un amplio consenso” sobre la migración de individuos creativos a Washington D. C., Boston, Nueva York y San Francisco. Bures también preguntó si Florida había aplicado instrumentos como el Test de Causalidad de Granger, a lo que Florida respondió que “no conocía los tests de causalidad de Granger”.
En este punto de mi investigación me encuentro satisfecho de haber hallado críticas bien fundamentadas que van en el sentido de mis intuiciones iniciales sobre Florida, pero nutro una gran inquietud respecto a las razones por las cuales sigue siendo un autor tan referido y celebrado tanto en el mundo anglosajón como en América Latina. ¿No tenemos suficientes problemas ya como para agregarle a ello las orientaciones perjudiciales de este vendedor de humo?
Por otro lado, si Alejandro Jodorowsky sigue vendiendo libros luego de haber generado declaraciones tan absurdas como afirmar ser capaz de curar la tartamudez apretando los testículos de quien vaya a consultarlo a París; si Coelho se mantiene en las listas de top sellers afirmando que “cuando realmente quieres una cosa, todo el universo conspira para ayudarte a conseguirla”, pues no es tan descabellado que Florida mantenga su reputación aun declarando falsamente que los gays y los bohemios traerán desarrollo económico. Y bueno, cada uno es libre de creer lo que quiera, pero es triste y paradójico ver, por un lado, las consecuencias de las ideas de Florida en el aumento de la desigualdad y la gentrificación y, por otro, la popularidad y el renombre que aún conserva.
Onetto, F. (2004). Climas educativos y pronósticos de violencia. Condiciones institucionales de la convivencia escolar. Ediciones Noveduc.
Peiró, G. (2005). Indisciplina y violencia escolar. Insituto Alcantino de Cultura Juan Gil-Albert.