Como bolas de estambre

Vilma Domínguez

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Tengo tres gatos y una planta, cumplí parte de lo que había soñado de chica. Las ilusiones cambian, ahora no deseo la Barbie patinadora, el juego de química “mi alegría”, ni añoro al amor de secundaria, que por cierto, ya tiene panza, es jorobado y alcohólico. La pequeña que se arrancaba las costras y se comía los mocos sentiría orgullo si me viera recatando a un pequeño de los horrores del mundo: dándole un baño, llevándolo al veterinario, alimentándolo por la madrugada. Mi madre, no lo sé. ¡Se te pasa el tiempo!, ¿qué vas a hacer con tu vida? La hija de Carmen ya tuvo niño, ¿no quieres ser mamá? Tener una familia. Los gatos son mí familia. No compares, los gatos son mascotas.

Cada vez que pienso en tener hijos, un no del tamaño de la luna se me aparece multiplicado, fosforescente y con luces. Son lindos, podría educar uno, pero no veo motivos para seguir poblando la tierra nomás por palomear la lista. ¿Y si tu hijo encuentra la solución al derretimiento de los polos? ¿O una cura contra el cáncer? !Por favor!, soy una mujer promedio, de cuarenta años que tuvo boletas de ochos y una carrera en artes. En mis genes solo vive la necedad, porque estoy segura que eso nos mantiene en pie a la mayoría de los mexicanos. Somos necios desde chiquitos. Si mi primo se comía un chile, yo me metía dos a la boca, aunque luego chillara y me regañaran por tonta, por seguirle el juego. No tengo otra explicación para los miles de hombres y mujeres que abordamos el metro. Cansados por la mañana, cansados por la noche, apretujados entre penas.

Regué mi sábila, puse suficientes croquetas, la función de teatro termina tarde. Salgo sin ganas de mí refugio. Cuando caminas junto a tanta gente no deberías sentirte sola, pero todo es a la inversa después de los veinte: ya no te ilusiona conocer chicos para ver qué pasa, siempre pasa lo mismo. Lloras al teléfono con tu amiga. Un traidor, pendejazo igual al otro. Ella te describe hermosa, fuerte y chingona. Le sigues la corriente para que no se preocupe y apruebe su carrera ficticia de psicóloga. Comes mucho, tomas. Dejas de tomar y sales a correr, no tienes hijos pero las croquetas las paga una sobria.

El andén está a reventar, pasan cuatro trenes antes de que me pueda colar entre la señora de mandil y la chica con pestañas de niño Dios. Huele bien, ahí no tengo queja. Olfateo a todas como cuando niña pegaba la nariz a las plantas de mi abuela. Jazmines, bugambilias, acapulcos y rosas. Seguro más de una se llama así. Bajo en Hidalgo, es tarde, corro al teatro con vergüenza, una mujer madura tiene pena hasta de correr, las carnes se agitan, sabes que tus nalgas están dando un espectáculo mayor al de las cuatro. Las mujeres sorteamos esa vergüenza injusta desde la primera regla, ¡esconde la toalla! ¡que no se te vea el short! ¡pareces bollito con ese pantalón, ya no te lo pongas! ¡no inventes!, deja que te llegue él, te van a decir puta.

Saludo, sé que les caigo mal por ganar el protagónico, dicen que me acosté con el director. Mí ex está en el escenario y es amigo de todos, es incómodo vernos después de lo que pasó. Piensa en los gatos, en sus caritas de tigres de bolsillo. Acto tres, todos saben la historia, yo pensé que la sabía, pero la nueva novia no es la del chat. Su olor ya no me destempla, al parecer sí soy hermosa, fuerte y chingona. Anotaciones del director, pausa y café. La función es en cinco horas, ir y venir a casa me tomaría tres.

Voy al Munal para “hacer tiempo”, debería decirse “deshacer tiempo” porque eso es lo que nos pasa, nos vamos deshaciendo como bola de estambre, bolas de colores con las que juegan mis gatos. Exposición temporal, “vida y mujeres”. Me digo que la exposición más significativa está en las calles, en los mercados, ordenando tortillas ardientes que ampollan las manos , transcribiendo oficios, dando clases, soportando golpes para que los hijos coman: siento un agujero en el estomago, quisiera se tragara a todos esos cabrones. Me recorro el edificio sin mirar los “cuadros”, puras manchas multiformes color rosa Pepto. Apellidos sonados, ricos defeños por autores. ¿Sabrán lo que es no tener para la renta, medicinas, pasajes, la cena del niño? El frío del piso me calma, escucho murmullos de críticos juveniles, a ellos tampoco les cuadra la muestra, menos mal, pensé que hablaba mi temprana amargura.

Una hora menos. El hambre me encamina a “La casa del pavo”, como una torta, el olor viejo es amigable, los tiempos pasados suelen darme esperanza, es culpa de los brazos de mí abuela, donde todo estaba bien. Doy varias vueltas por Madero fingiendo ser compradora, de lo único que me puedo vestir es de arena, croquetas y camitas acolchadas, eso no me quita el placer de probarme vestidos hermosos que cuestan más que mi sueldo. Sin sospecharlo he matado, deshecho, tres horas. Paso por un café y me regreso al teatro.

Último acto, estoy en un costado del escenario llorando por mi marido muerto. He quedado viuda, los ocho hijos necesitan que me seque por dentro, porque lo que se viene es mucho. Con gatos o con hijos lo que se viene siempre es mucho. Hay que buscar peones para armar la cosecha. Aceptar las clases al otro lado de la ciudad, pronto les toca vacuna. Al final mato al compadre traidor, el pueblo nunca se entera. ¿Quién sospecharía de la comadre? Aplausos. Con una mirada le digo a mi ex que no hay bronca, la pasamos bien esos años. Recojo mis cosas. No, gracias, se me hace tarde.

Me uno a la parvada de cansados, volamos de estación en estación. Regreso a mí nido exótico de garritas y ronroneo. Los abrazo, pongo una serie, caliento té, se acurrucan entre mis piernas. Con ellos puedo seguir siendo necia, vuelta tras vuelta hasta terminar el ovillo de mis días.

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Trazos Pedagógicos, año 2, Núm. 2, noviembre 2023- abril 2024 es una publicación semestral editada por la Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa. Castiza s/n Col. Cuauhtémoc, c. p. 80027, Culiacán, Sinaloa.
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