La pita. Un relato dirigido a la educación Inclusiva
María del Refugio Flores Osuna
Es una escritora mazatleca, Licenciada en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Forma parte del taller literario de Élmer Mendoza. Algunas de sus obras publicadas son el “El misterio de la orquídea calavera”, Revista Literaria del Instituto Sinaloense de Cultura. Año 5, Número 20, febrero-abril de 2016. Coautora en el libro Ráfaga de Nombres “El Forastero”.
Cuando Lupita nació, no tenía posibilidades de sobrevivir. En el pueblo no se contaba con atención médica. Además de ser un parto delicado, fue doble, y el compañero nació muerto. El cuerpo pequeño y frágil cabía en una caja de zapatos que su madre acondicionó para mantenerlo tibio; después, una jaba de madera recubierta con cobijas hizo la función de incubadora. Ella, con cuidados y esmero, le transmitía día a día el calor y el aliento que necesitaba para permanecer en este mundo.
Le pusieron el nombre de la Virgen de Guadalupe, pero todos la llamaban «La Pita». Imposible que pasara inadvertida: además de ser bajita, su cuerpo regordete y el vientre demasiado abultado atraían la atención de la gente; su cara redonda reflejaba una ternura que dejaba entrever sus rasgos.
Para Lupita, su vida era un ritual. En cuanto sentía que su mamá se levantaba de la cama, ella también lo hacía. Mientras su madre ponía la leña para el café, se quedaba a tender la cama donde ambas dormían. Después, se dirigía a la cocina a esperar el desayuno. Entretenida, mordisqueaba el dedo gordo con sus encías. Siempre ocupaba el mismo lugar en la mesa y sujetaba su cuchara con la mano para que nadie fuera a tomarla por equivocación. Su madre la observaba paciente; solo ella la entendía y conocía a la perfección. Para Pita, el comer era un deleite. Por la falta de dientes, disfrutaba los alimentos sin ninguna prisa. Satisfecha y sin abandonar su lugar, miraba a los demás miembros de la familia, pues no había poder humano que la hiciera ceder su silla y permanecía en ella hasta que todos hubieran terminado.
