EDUCAR PARA SER FELICES
Andrea Berrelleza Altamirano
Andrea Berrelleza Altamirano.- Es una escritora, cantante y pintora sinaloense; es egresada de la Licenciatura en Educación, de la Universidad Pedagógica del Estado de Sinaloa.
¿Para qué se educa? Creo que esta es una cuestión sobre la que pocas veces reflexionamos como sociedad y como docentes. El sistema educativo se dedica a formar a los miembros de la sociedad con el fin de que sean funcionales en ella. Se puede decir que somos un sistema de engranes cuyo trabajo permite el funcionamiento integral de la máquina. Pero, ¿es realmente integral?
La felicidad no consiste en desear cosas, sino en ser libre.
Epicteto
El funcionamiento integral de un sistema implica que todos los aspectos que lo conforman estén funcionando al mismo nivel de satisfacción, pero de los elementos con los que contribuimos al sistema social, ¿cuáles serían los que son parte de esta integración?
Como seres humanos, tenemos la fortuna de enriquecer nuestra existencia desde diferentes aspectos; por eso nos educamos y trabajamos en cada uno de ellos con la expectativa de lograr un desarrollo integral (es decir, en conjunto) óptimo. Estos aspectos pueden definirse como dimensiones, potencialidades que el ser humano manifiesta en distintos contextos y que generan un crecimiento a nivel individual y colectivo. Así, podemos decir que las dimensiones que nos conforman son cinco: la biológica, la mental, la espiritual, la social y la comunicativa, las cuales podemos agrupar a nivel individual (cuerpo, mente y espíritu) y a nivel colectivo (comunidad y comunicación) (Hernández, 2015).
A nivel individual, la dimensión biológica se refiere al desarrollo sano del cuerpo: comer balanceadamente, hacer ejercicio o visitar al médico. El desarrollo mental óptimo implica una «mente sana», lo cual se logra alimentando dos partes de la misma: la cognitiva y la emocional-afectiva. La cognitiva parte de la percepción del mundo a través de lo sensorial, respuestas emocionales básicas y la capacidad humana de utilizar el intelecto para conocer el entorno mediante la construcción de conceptos y significados, y luego resignificarlos cuando el contexto lo demande para adaptarse a él; es decir, las experiencias directas con la vida y los vínculos entre los seres vivos. La parte emocional-afectiva se desarrolla con experiencias de autoconocimiento y reflexión introspectiva. Cabe destacar que este, precisamente, es el punto de partida para el objetivo de este texto.
