Experiencias en mis primeras prácticas educativas de la Licenciatura en Educación
Viridiana Castro Montoya
Soy estudiante de la Licenciatura en Educación del esquema sabatino desde agosto de 2022; el semestre que concluí el pasado julio de este año me tocó iniciar la primera fase de mis practicas educativas, que son las Prácticas Educativas Supervisadas I. Decidí hacerlas en el turno vespertino de una escuela primaria ubicada en Guamúchil, Salvador Alvarado, Sinaloa, y en el presente documento comentaré sobre mis experiencias.
Asistí a dicha primaria por primera vez el martes 28 de febrero de 2023. Me recibió el director, quien muy amablemente me acompañó al aula, en donde me presentó con la maestra Mirna, docente del grupo 1.o A; le comenté que estaría acompañándola por algunas horas una vez a la semana como observadora, aprendiendo de sus estrategias de enseñanza, y me puse a sus órdenes en lo que pudiera apoyarla. La profesora Mirna me presentó con todos los niños como maestra, no como estudiante, y la verdad me sorprendió porque no me imaginé que fuera a hacerlo de esa manera. Me puse a disposición de los alumnos y enseguida tomé asiento en la parte de atrás del aula, desde donde podría observar a todos los niños y a la maestra por igual.
Esa primera clase no interactué con los niños, solo me dediqué a observar y anotar en mi diario de trabajo todo lo acontecido en el transcurso de mi estadía en el aula: la forma de dar la clase de la maestra, la manera en cómo hacían sus trabajos los alumnos, cómo y por qué se distraían, cómo hacía la maestra para llamar de nuevo la atención de los que no trabajaban, cómo se comportaban los niños cuando la maestra salía del aula por alguna situación y otras actividades.
La manera como me miraban cuando iban a responder alguna pregunta de la maestra o a participar en alguna actividad me hizo saber que se sentían un poco exhibidos o incómodos ante mi presencia ese día. Al tomar mis notas, me llamó la atención un niño que tenía justo frente a mí, ya que no lo veía realizar los trabajos que la maestra pedía: solo lo escuchaba balbucear algunas palabras y jugar en su escritorio. Como la maestra no le llamaba la atención por no trabajar, supuse que era un niño con alguna condición especial, así que me concentré en poner atención al desarrollo de la jornada y al finalizar la clase le pregunté a la maestra sobre ese niño. Efectivamente, me confirmó que era un niño con autismo, que desde que inició el ciclo escolar era muy poco lo que había logrado que hablara y era muy difícil que se concentrara en algo.
La siguiente semana me sentí un poco más cómoda, ya que la mayoría de los niños ya me conocían: solo los que no habían asistido a clases la sesión anterior no me ubicaban, pero me presenté con ellos en esta ocasión. Esta sesión no fue muy tranquila, ya que esa semana le tocó al grupo la tiendita de la escuela y la maestra tenía que estar saliendo del grupo en diversas ocasiones para organizar todo lo que les tocaba vender, así que, cada vez que ella salía, los niños se levantaban de sus lugares, se ponían a platicar o a correr entre las mesas y se distraían demasiado.
Al finalizar la jornada le comenté a la maestra lo que había observado y me platicó que se le complica mucho la semana: que les tocaba la tiendita porque las madres de familia del grupo no la apoyaban mucho con eso y normalmente solo le enviaban las cosas que les pedía, pero no asistían a la escuela para la venta. Por lo anterior, la maestra tenía que encargarse de la mayoría de las cosas y perdía mucho tiempo entrando y saliendo del salón. La maestra me comentó que estaba consciente de que los niños no se comportaban igual cuando ella estaba afuera del aula, pero debido a la falta de apoyo de los papás tenía que sacar adelante esa situación lo mejor posible.
Mi tercera sesión en la primaria fue muy diferente, ya que la maestra tuvo un contratiempo personal y avisó que iba a llegar un poco tarde. El director me lo comentó, así como también que la maestra de segundo año iba a poner unos trabajos a los niños para iniciar la jornada en lo que la maestra Mirna se desocupaba y regresaba con el grupo.
Cuando sonó el timbre, les pedí a los niños que entraran al aula. Les comenté que su maestra iba a llegar un poco tarde, pero que en unos momentos llegaría otra profesora a ponerles unos trabajos; mientras tanto, les pregunté en qué habían trabajado la semana anterior y me platicaron que habían tenido exámenes. Me estaban comentando cómo les había ido cuando llegó la maestra de segundo grado, les puso un trabajo y les explicó que tenía que atender a su grupo, pero que regresaría más tarde para revisar sus avances. Le comenté que yo estaba haciendo mis prácticas en el grupo y que podía ayudarles a los niños si tenían alguna duda con el trabajo, a lo que ella estuvo de acuerdo y regresó con su grupo.
Solo estuve alrededor de una hora con los niños sin la maestra, apoyándolos con la lectura y escritura, resolviendo sus dudas y tratando de que se concentraran en trabajar y no se distrajeran. Pude interactuar con la mayoría, incluso con el alumno con autismo, y me dio mucho gusto ver que tuvo disponibilidad para ponerme atención. Incluso logré que escribiera la letra “X” en su libreta y que la nombrara cuando se la señalaba. Para mí fue muy satisfactorio porque no lo había visto que escribiera nada en su libreta además de garabatos.
Al llegar la maestra Mirna los alumnos estaban terminando sus trabajos y me agradeció por el apoyo. Me dio mucho gusto haberle podido ayudar, sobre todo porque pude interactuar con los niños más tiempo y ayudarlos con sus dudas. Sentí que se quedaron agradecidos también con mi ayuda y me tomaron un poco más de confianza, ya que había podido platicar más con ellos, conocerlos y que me conocieran mejor.
Las siguientes sesiones ya no pasé tanto tiempo anotando en mi diario, preferí pasar más tiempo con los niños, apoyando a la maestra con las dudas que les surgían, ya que había varios que requerían de su atención al mismo tiempo, y como los niños ya me identificaban más, también me tenían más confianza y me permitían ayudarlos. Después de la clase, solamente hacía anotaciones especiales de algún detalle que no quería que se me pasara y al llegar a mi casa llenaba el diario con calma, revisando las anotaciones que había realizado y recordando los sucesos del día.
En este primer ciclo de prácticas supervisadas aprendí que son muy importantes las enseñanzas que reciben los alumnos que van iniciando la primaria, ya que es el primer año que asisten a la escuela y la mayoría se sienten temerosos, apenados e inseguros, y faltan seguido porque no les gusta la escuela. El compromiso que el docente tiene es muy grande, ya que no solo se trata de enseñar el currículo de materias que corresponde, sino que tiene que generar estrategias de enseñanza diferentes con cada uno de los niños para poder enamorarlos de la escuela; tiene que hacerlos sentir seguros de sí mismos, que no les dé pena participar, que convivan con los demás compañeros, entre otras actividades.
En este grupo estuve aprendiendo con 14 alumnos, entre ellos el pequeño con autismo, y pude darme cuenta de que es imposible que él lleve el mismo nivel de aprendizaje que sus compañeros: no se le puede exigir igual y no se le puede tratar igual, ya que hay muchas situaciones que le molestan y lo hacen sentirse incómodo, como los gritos o cualquier sonido fuerte; es por eso que recalco que la situación del docente no es fácil, ya que tiene que aprender a identificar los casos en que se necesita trabajar de diferente forma para evitar que los alumnos se distraigan o no aprendan por falta de interés.
En general, la primaria me pareció una buena escuela: los niños siempre fueron educados conmigo y me llevo muchas satisfacciones. Los voy a extrañar mucho, ya que aprendí a conocerlos, a interactuar y a trabajar con ellos, de manera que les tomé mucho cariño; son niños muy cariñosos, muy nobles y respetuosos. Con la maestra Mirna también estoy muy agradecida, ya que se portó muy bien conmigo y me permitió aprender mucho de ella, de su carácter y el trato que tiene con los niños. Esta primera etapa de mis prácticas me gustó mucho y me ayudó a confirmar que estoy estudiando la carrera perfecta, la Licenciatura en Educación, para desempeñarme como docente en unos años más.