CRÓNICA DE LA PROCRASTINACIÓN

José Ángel Leyva

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Esta es la crónica de un episodio en Facebook, en pleno periodo pandémico. A partir de la narración de tres sueños en mi muro comencé a recibir intercambios epistolares que me hicieron dudar de la utilidad del tiempo en tiempo real y por consiguiente del lenguaje. Quizá la vida está en otra parte…

15 de junio, 2021. Primer sueño

Recibí en el sueño a un grupo de procrastinenses que reclamaban mi presencia en prokrastinópolis. Afirmaban que soy de origen procrastinense y debo pagar impuestos, pues la prokrastinoika puso en marcha la recaudación concentrada. Casi me convencen si no es porque comenzaron a hurgar en el cesto de basura a donde van a parar mis notas de trabajo y la bitácora del día.

     “Soy disléxico, hablo mal el procrastinés. Procrastino mal ante el qué dirá la burocracia”, les dije tímidamente en mi defensa. Pero un procratinense apuntó hacia un muro donde estaba colgada una bandera de la procrastinocracia. No entendía cómo había llegado a mi habitación semejante emblema de la pereza y la distracción. Y sí, aborrezco la palabra procrastinación, pero no sus acciones, tuve que confesar a los visitantes. Cuando se dieron cuenta ya había amanecido, y antes de desvanecerse amenazaron volver con Prokrastinator para hacerme cumplir mis obligaciones dispersas. En el umbral de la puerta levantaron el puño y gritaron: “Hasta la victoria siempre, compañero: hagamos mañana lo que nunca haremos hoy, el hoy lo haremos mañana”.

16-06-2021. Segundo sueño

Les cuento que estaba entretenido en un sueño americano y Estados Unidos amenazaba a México con regresarle los territorios usurpados porque ya estaban llenos de bad mexicanos que habían impuesto la corrupción y la trampa como monedas de cambio. Sus políticos prometían mucho, pero no hacían nada más que enriquecerse, que ya es hacer algo, de manera "inexplicable".

   Los mexicanos de este lado del río Bravo se negaban a aceptar el retorno al pasado, pues acá dominaba el "nadie por encima de la ley", el respeto al derecho ajeno, primero los peatones, y las cárceles eran ahora casas de cultura. La paz se basaba en el ejercicio ciudadano del otro soy yo.

    Los procrastinenses irrumpieron en la escena cuando se reconocía a México como potencia ética y cívica, incluso económica y cultural. Éramos la Atenas del continente. Prokrastinator comenzó a romperlo todo lanzando insultos en inglés. Me le quise enfrentar, pero ni siquiera alcancé a levantarme de la cama. Su comitiva procrastinense me sometió a una fiesta procrastinante que estaba de güeva, o sea, de pereza.

   El sueño y la fiesta terminaron cuando un procrastino, que ya andaba muy delirante, usaba términos como resiliencia, gentrificación. Nos hicimos de palabrejas y nos sacamos la lengua, nos escupimos de todo. Me desperté muy magullado y ahora debo atender la realidad inaplazable, comenzando por la Mañanera del presidente de México, y eso que los mexicas llaman con ínfulas de realismo descarnado: la chamba.

17-06-2021. Tercer sueño

Anuncio y comparto con mis entrañables amigos virtuales que el licenciado Procrastino Pérez A. de la Reguera ha interpuesto una demanda en mi contra por actos subversivos y lesivos a la Academia Procrastinense de la Lengua, que a la letra dice:

Los miembros y las miembras de la Comisión Mixta, unificadora de criterios y criterias, han resuelto iniciar una demanda contra el ciudadano JAL, porque hay signos, pruebas vinculantes y coadyuvantes para abrir líneas de investigación en sus declaraciones y juegos verbales, antiprocrastinantes, lesivos y carentes de empatía con la Quinta Transformación de la Flojera.

El sospechosismo pesa en torno al indiciado, conservador y reaccionario clasemediero, a quien designaremos como Innombrable en lo sucesivo.

El Tribunal Supremo de la Procrastinencia recomienda que el Innombrable sea sujeto y objeto de un curso intensivo de glosarios de autoayuda y posmodernidad, además de que sea condenado a largas jornadas de ocios forzados en el ámbito de la gentrificación discursiva. 

Hagamos del hoy un eterno mañana y un pasado mañana.

Procrastinenses Unidos y Unidas, por un confinamiento asalariado.

18-06-2021. Carta de un lector y amigo virtual inconforme

Sr. Leyva

Sea serio, por favor, y responda la cuestión: ¿se está burlando del lenguaje?, ¿se mofa usted de quienes hemos padecido el Síndrome de Déficit de Intensión?

Usted parece jugar a los dados del azar con los dados del destino delgado para impedir que el destino grueso se relaje y que el camino de la verdad nos lleve al recto.

Leo con pena cómo algunos le celebran sus gracejos. Yo no, yo deploro sus aviesos sueños y delirios. No me hacen gracia sus manipulaciones retóricas, si por retórica entendemos el retorcimiento del lenguaje para engañar, ilusionar y seducir, para alterar la realidad real. Usted es un retórico, no es un artista de la lengua. Es un disléxico que se tropieza con los tropos, se tambalea con los significantes y hace malabares por torpeza. Lo suyo no son hallazgos sino accidentes que parecen calambures, paranomasias y retruécanos. A mí no me engaña, señor disléxico, lo suyo son solo fintas, arrimones del adverbio al verbo, sustantivos adjetivales incapaces de calificar y definir nada, verbos copulativos que se van por el seso más que por el amor a las palabras, porque hacer el amor es una cosa y tener seso es otra. Ni qué decir de los adverbios de cantidad, de modo, de lugar, que usted conduce a la incertidumbre, a la dimensión adverbial de la duda. Usted, Sr. Leyva, carece de fe; su pasión es la duda, entre otras perversiones.

Sr. Leyva… ¿O debo también de llamarle Innombrable, como lo ha hecho el Supremo Tribunal Resiliente?

No juegue con la lengua ni con sus usos y costumbres. Parece un niño saltando la Rayuela. Por cierto, me enteré de que en su aldea durangueña le llaman bebeleche. Ya está usted madurito para andar con biberones discursivos.

Yo no procrastino, Sr.; como el gorgojo, voy al grano. No soy resiliente de este país, tengo mi credencial para votar, aunque haya nacido por accidente en Alburquerque, o eso decía mi abuelita QEPD. Como le dije, ya superé mi Síndrome de Déficit de Intensión. Por eso le pregunto y tenga el valor de contestar sin rodeos ni dudas: ¿La procrastinación es hereditaria o infecciosa?

19-06-2021. Desde España

Hola, Leyva. Soy Ascen, de Madrid

Te escribo por Messenger para decirte que me encanta ese jaleo procrastinante que os habéis armado. Soy de derechas, a las cosas por su nombre, pero lo de las sectas religiosas me viene mal. Pienso que la religión es la religión, y lo nuestro, la Iglesia católica. Por eso al Pablo Iglesias no lo votamos en Madrid, aquí la única iglesia es la católica, y el idioma el castellano, que es el idioma que os habemos heredado. 

Eso de los procrastinianos me huele a secta y a comunismo. Siempre pensando en utopías y sueños guajiros. Veo que os reunís muchos poetas en torno a estas discusiones y no tengo nada contra los poetas, pero, joder, todos os llamáis poetas. Poeta por aquí, poeta por allá.

A mí me gustan las poesías, claro, cómo no me van a gustar. De este lado del charco conocemos poco la poesía mexicana; no tanto, al menos, como las series de narcos. La poesía “La Marioneta”, de García Márquez, me arranca las lágrimas. Al Borges no lo entiendo bien, pero sé que no era mexicano, sino uruguayo como el Benedetti, que me gusta también mucho, si no fuera tan rojo, claro.

A mí me da miedo que se procrastine, estoy más por la resiliencia y la empatía nacional, nada de separatismos y esas leches. Hay que hablar en cristiano y estar unidos en la fe.

Yo a ese señor que habla de intestinos delgados e intestinos gruesos, por destinos, no le entendí ni jota. Además dice Síndrome de Déficit de Intensión, cuando lo correcto es intención. Pero es por el mal aprendizaje del castellano. Os traéis un lío con el idioma. Y perdona el culteranismo, pero eso es un jandicap intelectual.

En lo que sí estoy de acuerdo con ese procrastineano señor es que no es lo mismo hacer el amor con la lengua que tener seso con la lengua.

    Viva la resiliencia castellana.

20-06-2021. Mensaje desde Durango, México.

Maestro Leyva: 

Me presento: soy su paisana. Por casualidad leí este debate que, al parecer, nació de un sueño suyo. Se sorprenderá, pero mi nombre es Procrastina Rentería Molina, originaria de San Dimas, Durango, a mucha honra. 

Nunca reflexioné sobre mi apelativo, que porto con mucho orgullo. Mi madrecita me contaba que el sacerdote no me quería echar la bendición porque le parecía que no era un nombre cristiano. Pero mi madrina, que era la comisariada ejidal, le dijo: “Padrecito, sáquele el demonio a esta chiquilla que nació de un hombre vano”. Debe haber una santa Procrastina en el mundo de la cristiandad que sea la santa de los que sin esperar llegan. Luego supe que un hombre vano es un hombre estéril. La verdad es que mi padre anduvo de mujer en mujer sin procrear. Yo fui el regalo que mi papá, ya muy ruquito, le dejó a mi entonces joven mamá. Al menos eso creyó mi anciano tata.

Ahora me doy cuenta de que mi madre se equivocó, confundió procrastinación con el verbo procreación o procastración, vaya usted a saber.

Nombre es destino. Soy hija de la procrastinación genital o cenital. Un semilla en el ocaso del amor. 

Ya me gustaría conocer a ese Procrastinator y enseñarle que acá lo espera la hormona de su zapatos.

Ah, y ese viejo sangrón que llamó aldea a Durango debería de saber que esta bella tierra no solo es cuna de alacranes, sino también de hombres y mujeres universales. 

    Y si ocupa ponzoña, acá se la aplicamos.

   Querido paisano: reciba un abrazo de Tina, como me llaman los amigos.

21-06-2021. Desde las calles de Colombia

José Ángel, ¿cómo me le va, hermano? No pensaba inmiscuirme en esta vaina tan verraca del la procrastinación y la resiliencia. A decir verdad, no hay afán por decir la última palabra, porque hasta el más juiciocito puede caer en su propia trampa semántica. 

Todo esto es muy tenaz y debe ser producto de una carencia. Lo suyo es producto de un delirio, de un sueño o de un desencuentro con las palabras, pero lo nuestro, si me permite el término, es voluntad para la construcción de un yo-sujeto que categorice la realidad y confronte la realidad, la relación con su entorno. 

Por eso cuando se habla de gentrificar el pasado estamos rehabilitando un espacio sin futuro y, lo que es más terrible, sin presente dentro de una sociedad jerarquizada como la colombiana. 

Acuerpar el deseo colectivo en una misma ruta de exigencias ciudadanas por la democracia auténtica, es construir comunidad. La diferencia excluyente nos empuja a la periferia de un sistema simbólico hegemónico, patriarcal y dominante, oligárquico. En la resignificación del lenguaje está no la gentrificación de la historia, sino la revolución del pensamiento. Qué pena, pero desde mi humilde opinión sí debemos de incorporar la diálecta de un lenguaje incluyente y entre todes erijamos una verdad que nos haga resilientes a la violencia y a la deformación de la historia poblada de falsos positivos.

Ave María, hermano, creo que me perdí. En síntesis, lo que yo quería decir es que Colombia vive una situación del hijueputa. Que acá la cosa está que arde y los sardinos, la muchachada, se junta con ánimo de protesta y de reclamo contra una estratificación absurda y humillante que va del uno al siete. 

Qué vaina tan jodida la resiliencia de los cuerpos y las conciencias resignadas. La rebeldía no procrastina ni un segundo. 

Federico Londoño. 21 de junio, 2021.

22-06-2021. Y al despertar, el Facebook aún estaba allí. 

Intenté abrir los ojos y quitar las telarañas del Messenger, pero se me vino encima una multitud de procrastinantes resilientes que afirmaban con vehemencia que estábamos viviendo en la matriz del Fake News. Yo me sobresaltaba porque me parecía escuchar una voz de mi trabajo, a media noche, urgiéndome a entregar los oficios que, en ese momento, desde la central administrativa ordenaban redactar o que la Unidad de Transparencia requería, en calidad de ayer, un recuento de erratas que se habían cometido desde la fundación de la editorial universitaria. 

Allí estábamos, inmersos cada quien en su cuadrito, arrobados en nuestra propia imagen y, a veces, en las de los demás. Estas asociaciones de la hiperrealidad trajeron consigo el recuerdo de mi maestra de español en secundaria, a quien apodaban la Guitarra por la forma musical de su cuerpo. La jauría adolescente, cuyo uniforme era color verde olivo, intentaba ganar su atención a cualquier precio, incluso hasta de ser llevados a la puerta de una oreja. La Guitarra, con sus melodiosas cuerdas vocales, repetía: “Malditos mocosos, me hacen la vida de cuadritos”. Quién iba a pensar que sus palabras serían proféticas y que los chicos vivirían una educación de cuadritos, y que a todos la pandemia nos haría una vida de cuadritos. 

Ahora que me vino el recuerdo de la Guitarra, evoqué también los años en que intenté aprender a tocar la guitarra con el método de Sagreras. Yo no pensaba en la forma instrumental de mi maestra sino en sus piernas, y sobre todo en sus pies. En particular cuando los llevaba desnudos, apenas cubiertos por unas ligeras sandalias. Eran tan delicados, tan suaves y tan gourmets, que los veía y pensaba inevitablemente en morderlos. Yo no oía notas: veía pies en los trastes donde el maestro me insistía que marcara bien las pisadas. Fue entonces, creo, que mi confusión con el español o castellano comenzó a crecer. Mordía con la mirada, escuchaba con el tacto, veía con el olfato, pensaba con el tacto, y nadaba en las nubes. Sinestesias, me dijo años después la escritora durangueña Beatriz Quiñones. Vives una crisis sinestésica generada por una compulsión lírica. Eso me diagnosticó como si ella fuera médico o psicoanalista junguiana, porque agregaba que los arquetipos suelen despertar un apetito de imágenes desde la más tierna edad. Y sí, experimentaba en esa época una pérdida de la realidad con las fantasías musicales de mi aborrescente humedad.

Vuelvo al sueño facebookero donde, a causa de una depresión virtual, estuve a punto de acabar con mi vida digital para siempre. Me sentía débil, fatigado, aburrido, sin interés por nada ni por nadie. Con una pulsión autodestructiva que me llamaba a desconectarme de la red. De pronto, escuché entre brumas el sonido del Messenger, que había estado sonando insistente por la entrada de cientos de mensajes. Pero este dio un timbre especial. Era un especialista virólogo llamado Susake Daweba, descendiente de Pedro Vargas, el Samurai de la Canción, y pariente lejano del poeta estridentista Kin Tanilla. Fue él quien en su español tartajeante me diagnosticó un virus, un malware que había ingresado en mi sistema linfático a causa de pornocrastinar en la red. Juré que no acostumbraba a visitar esas páginas pornocrastinantes. Cortante como una katana, Susake me espetó: “La realidad no es lo que parece”. Me quedé mudo, sin argumentos, y tomé los antidióticos que me había recetado. Hay muchas cosas de las que no logro acordarme porque no pude recuperar toda mi información. Sobre todo la má recientes, entre el 2020 y el 2021. Pero en cambio sí tengo muy fresca la presencia de mi maestra de secundaria.

De antemano, ruego me disculpen si no reconozco a alguno de ustedes o ignoro algunos de sus mensajes, pero en verdad mi disco duro no quedó del todo reparado. Quienes hayan padecido de Covid comprenderán muy bien a qué me refiero.

Susake impidió mi suicidio virtual, y aquí estoy, exhibiendo mi fracaso en el muro de la fraternidad ajena, cuestionando mi existencia, como personaje de Arqueles Vela en su "Señorita Etcétera", en un Café de nadie abarrotado de presencias intangibles e indefinibles.

Y no, Procrastinator no es un personaje de Marvel, ni un Cyborg de Hollywood, es un ser de carne y hueso, una criatura del presente que no envejece, porque lo que envejece es el mañana. Ustedes, queridos congéneres, practicantes fieles del like y del emoji, lo han visto aparecer en sus Mañaneras y en sus Vespertinas ataviado de luces y de señales sin destino. Siempre tarde, pero sin sueño, siempre en el sueño de tarde en tarde. Como diría mi paisana Tina Rentería, en el reborujo del ser, con la ponzoña de la insoportable virtualidad del ser.

Sé que muchos descreen de la verdad de lo escrito, pero no tengo dudas, hay tanta gente a quien no le corre procrastina por las venas. Hay que ver.   

22-VI-2021

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