QUINCE ARISTAS DE LO KAFKIANO
Ronaldo González Valdés
¿Qué se propone el personaje del breve relato «El trompo» de Kafka? Ese filósofo «Creía, en efecto, que el conocimiento de cualquier bagatela, como por ejemplo un trompo que giraba sobre sí mismo, bastaba para alcanzar el conocimiento de lo general. De ahí que se desentendiera de los grandes problemas, que no le parecían provechosos. Conocer realmente la bagatela más insignificante, era conocer el todo, por lo que se ocupaba tan sólo del trompo casi inmóvil». Ahora bien, que enseguida, ya con el trompo sin movimiento, inerte madera en su mano, se sintiera mal, que lo apabullara el griterío de los niños, era el resultado de su aventurada empresa, es decir, la insatisfacción, el fracaso al extremo de sentirse él mismo arrojado, tambaleándose «como un trompo bajo una cuerda torpe».
Es posible que ese filósofo fuera lo contrario de su demiurgo: el escritor mismo que lo vuelve protagonista de su narración, el autor empeñado en levantar la piedra de lo trivial y ver qué hay debajo, afanado en esa búsqueda que, después de la fascinación provocada por el efímero movimiento giratorio, revela algo muy simple: la fugacidad del mundo, la fugacidad como característica general de lo existente, la ausencia de una esencia, la persistencia que alguna filosofía quiere encontrar y alguna literatura desestabiliza: la fallida permanencia.
